Nube de etiquetas

actitud africa Agricultura Alemania Alfonso Reyes amor América antidepresivo Arabia Argentina arte Astronomía Baja California Blake Borges Brazil Bush CAINTRA Canada canción Cardenal Carlos Fuentes Centroamerica Chiapas Chile China chistes cinismo Clima Colombia corrupción Cortázar Cristo Cuba cuentos cultura depresión Dinamarca discriminación Diógenes dolor Dubai Durango ecología Economía Ecuador Eduardo Galeano educación emigrantes Energía Ernesto Cardenal esclavitud España Español Esperanto Estados Unidos estereotipos estrategia exilio Facebook Facundo Cabral familia Felipe Filipinas filosofía Francia Gandhi Gates Genaro García Geografía gobierno Google Grecia griego guerra Hernando de Alvarado Tezozómoc higiene hijo historia Holanda hábitos iglesia INAH India ingenieros Inglaterra internet Iran Irlanda Israel Italia ITESM Izcoatl JALIL GIBRÁN Japón Jesús Jordania Joseito Fernandez José López Alavés José Martí latin lenguaje Leonardo da Vinci ley Libano libertad literatura Machado Maiz Manu Chao Marcos Mario Benedetti Mario Vargas Llosa maya medio ambiente mexica Mictlan Miguel Hernández Miguel León Portilla Mistral mito Mixteca Monterrey muerte México Nahuatlaca narcotrafico NASA naturaleza Nervo Nezahualcóyotl Nicaragua Nuevo León náhuatl Oaxaca Otomí Pablo Neruda paz PEDAGOGÍA Persia Perú poder poesía política propaganda Puebla Puerto Rico racismo religión rezo Robert Frost Rodolfo Usigli Roma rusia Sally Davies salud Salvador Novo Scotland seguridad Serrat sexo Shakespeare Silvio sistemas Sonora Suiza surrealismo tecnología terrorismo Teōtihuácān Theodore Roosevelt tolteca Turquia Uruguay Venezuela ventas Veracruz Vermeer vida video violencia Washington Olivetto woods Yahoo Édith Piaf

martes, 7 de febrero de 2012

SOL DE MONTERREY

El regiomontano, cuando no es hombre de saber, es hombre de sabiduría. Sin asomo de burla pudiera afirmarse que es un héroe en mangas de camisa, un paladín en blusa de obrero, un filósofo sin saberlo, un mexicano sin posturas para el monumento y hasta creo que un hombre feliz. Por cuanto no hay más felicidad terrena que la de cerrar cada noche el ciclo de los propósitos cotidianos, fielmente cumplidos, y el despertar cada mañana.., con el ánimo bien templado para las determinaciones saludables.

Alfonso Reyes


No cabe duda: de niño,
a mí me seguía el sol.

Andaba detrás de mí
como perrito faldero;
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.

Saltaba de patio en patio,
se revolcaba en mi alcoba.
Aun creo que algunas veces
lo espantaban con la escoba.
Y a la mañana siguiente,
ya estaba otra vez conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.

(El fuego de mayo
me armó caballero:
yo era el niño andante,
y el sol, mi escudero.)

Todo el cielo era de añil;
Toda la casa, de oro.
¡Cuánto sol se me metía
por los ojos!
Mar adentro de la frente,
a donde quiera que voy,
aunque haya nubes cerradas,
¡oh cuánto me pesa el sol!
¡Oh cuánto me duele, adentro,
esa cisterna de sol
que viaja conmigo!

Yo no conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.-
Cada ventana era sol,
cada cuarto era ventanas.

Los corredores tendían
arcos de luz por la casa.
En los árboles ardían
las ascuas de las naranjas,
y la huerta en lumbre viva
se doraba.
Los pavos reales eran
parientes del sol. La garza
empezaba a llamear
a cada paso que daba.

Y a mí el sol me desvestía,
para pegarse conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.

Cuando salí de mi casa
con mi bastón y mi hato,
le dije a mi corazón:
-¡Ya llevas sol para rato!-
Es tesoro – y no se acaba:
no se acaba – y lo gasto.
Traigo tanto sol adentro
Que ya tanto sol me cansa.-
Yo no conocí en mi infancia
Sombra, sino resolana.

No hay comentarios.: