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jueves, 21 de junio de 2007

El laberinto y la cebolla

Existen historias que muestran un carácter universal curioso. Se repiten entre gentes y tiempos sin una conexión aparente. Estas historias son como una cebolla. Las puedes explicar dándoles alguna interpretación que te acomode. Pero al ver de nuevo la historia vemos que en realidad no sabemos que nos esta diciendo y podemos dilucidar otro significado que no habíamos percibido al principio. Pero al ver de nuevo la historia vemos que en realidad no sabemos que no esta diciendo... ad infinitum.

Estas historias están llenas de símbolos que reconocemos pero que no sabemos con precisión que nos dicen. El número 7, el color rojo, el agua, el árbol, el toro. Su mensaje es para el subconsciente. De ahí su carácter universal, ya que reflejan la experiencia colectiva del ser humano.

Es fácil reí­rse del niño que no percibe la referencia al pájaro uyuyui en la historia de la cigüeña o interpretar la historia de Blanca Nieves como un cuento de cantina pero el código de los cuentos populares tiene elementos más allá de lo obvio.

Una de las historias centrales de la mitologí­a griega es el cuento del Minotauro. Es por supuesto la aventura del hombre de acción. Es indudablemente la historia rosa de la princesa enamorada. Es efectivamente la historia de terror para contar en noches de tormenta. Es el cuento picante de la mujer lujuriosa y el marido engañado. Es la advertencia moralista sobre los peligros de ofender a los dioses.

Una historia que puede ser contada desde la perspectiva de un cuento infantil hasta una morbosa historia pornográfica debe en realidad ser a cerca de algo más fundamental y profundo. Los miedos interiores, los vericuetos de la mente, por supuesto. Todo eso, pero su mensaje no puede ser discutido, solo intuido como un sueño.

El mismo nombre del cuento, La casa de las hachas, es un acertijo. Un acertijo de claro significado. El mundo y destino como un laberinto, como una jaula donde los dioses juegan con nosotros.

Los laberintos más antiguos que aparecen mencionados en literatura , son los laberintos de Egipto y de Creta. Es Heródoto quien describe el egipcio:

3.000 habitaciones, en la casi inaccesible cámara central, estaban sepultados los reyes y los cocodrilos sagrados”.

Luego Plutarco narra las hazañas de Teseo en el laberinto de Cnosos construido por el genial arquitecto Dédalo. La versión atribuida a Plutarco es aparentemente una evolución del culto de las grutas de la Edad de Piedra. El término laberinto tiene procedencia pre-griega y se originaría en el término “doble hacha” que guarda relación con Cnosos, puesto que ése es un símbolo grabado en varias de las piedras aún existentes del palacio.

Guy Béatrice, en su artículo “El laberinto hermético”, da cuenta que el término “laberinto” no procede del griego “labrys” o doble hacha de los aqueos que presidiera el palacio de Cnosos; ya que, agrega, “hacha” se dice “pelekys”. “Laberinto” vendría de “labra/laura, esto es, “piedra”, “gruta”. René Guénon también afirma que el origen de la palabra no estaría en “labrys”, porque “labrys” y “laberinto” derivarían de un mismo término que designa a la piedra. Algo contrario opina Paul de Saint-Hilaire quien propone el etimológico significado de “nasa de pescador”, siendo Teseo el pececito atrapado.

Borges, en conversación con R. Alifano, explica que el término ‘laberinto’ deriva del griego, cuyo significado es “el principio de las ruinas, los corredores, ese largo edificio construido especialmente para que la gente se pierda en él.” En “El inmortal”, antes de que finalice la segunda parte, lo compara con la Ciudad de los Inmortales y se refiere del siguiente modo a esa ininteligible construcción:


Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin.
La idea reiterada por Borges del laberinto como edifico donde los personajes (conscientes o no de ello) buscan algo situado en el lugar más inescrutables e inaccesible, por ejemplo, ‘el Hexágono Carmesí’ de La Biblioteca de Babel. En estos ámbitos predominan la desorientación, la abolición o alteración de las referencias habituales de identificación, de sucesión, de distribución y de ubicación del tiempo y del espacio.

Referencias:

Laberintos virtuales

El mito del Minotauro

El laberinto

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