Y he aquí otra cosa que llevó a cabo Titlacahuan, hizo algo que resultó un portento:
se transformó, tomó rostro y figura de un Tohuenyo. Andando nomás desnudo, colgándole la cosa, se puso a vender chile, fue a instalarse en el mercado, delante del palacio.
Ahora bien, la hija de Huémac, que estaba muy buena, muchos de los toltecas la deseaban y la buscaban, tenían la intención de hacerla su mujer. Pero a ninguno hacía concesión Huémac, a ninguno le daba su hija.
Pues aquella hija de Huémac miró hacia el ercado, y fue viendo al Tohuenyo: está con la cosa colgando. Tan pronto como lo vio, inmediatamente se metió al palacio. Por esto enfermó entonces la hija de Huémac, se puso en tensión, entró en grande calentura, como sintiéndose pobre del pájaro del Tohuenyo.
Y Huémac lo supo luego: ya está enferma mi hija. Dijo entonces a las mujeres que la cuidaban: "¿Qué hizo, qué hace?¿Cómo comenzó a entrar en calentura mi hja?"
Y las mujeres que la cuidaban respondieron.
"Es el Tohuenyo, que está vendiendo chile: le ha metido el fuego, le ha metido el ansia, con eso es que comenzó, con eso es que quedó enferma."
Y Huémac, el Señor, en vista de esto dio órdenes y dijo: "Toltecas, búsquese el que vende chile, aparecerá el Tohuenyo."
Y luego fue buscado por todas partes.
Y como no aparecía nadie, por esto empezó a pregonar desde el Cerro del Pregón, Dijo:
"Toltecas, ¿acaso en alguna parte habéis visto al vendedor de chile, al Tohuenyo? Traedlo acá. El Señor lo busca."
En seguida se hacen las pesquisas, en ninguna pare anda, revuelven toda Tula y aunque hicieron todo esfuerzo no lo vieron por ninguna parte. Entonces vinieron a comunicar al Señor que en ninguna parte habían visto al Tohuenyo.
Pero después por sí mismo apareció el Tohuenyo, nomás se vino a instalar, donde había aparecido por primera vez. Y cuando lo vieron los toltecas, corrieron a informar a Huémoc, le dijeron: "Ya apareció el Tohuenyo."
A lo cual dijo Huémac: "Venga acá a toda prisa." Apresurados fueron los toltecas a traer al Tohuenyo, lo hicieron venir ante el Señor.
Y cuando lo trajeron ante él, inmedatamente Huémac lo interrogó: "¿Dónde es tu casa?"
El otro respondio: "Yo soy un Tohuenyo, ando vendiendo chilito."
Y el Señor Huémac le dijo: "¿Pues qué vida es la tuya, Tohuenyo? Ponte el maxtle, tápate."
A lo que respondió el Tohuenyo: "Pues nosotros así somos."
Dijo luego el Señor: "Tú le has despertado el ansia a mi hija, tú la curarás."
Respondió el Tohuenyo:
"Extranjero, señor mío, eso no podra ser. Mátame, acaba conmigo, ¡Muera yo! ¿Qué es lo que me dices? Si no soy más que un pobre vendedor de chile."
Entonces el Señor le dijo: "Pues no, tú la curarás, no tengas miedo."
Y en seguida le cortaron el pelo, lo bañaron y después de esto, lo ungieron, le pusieron un maxtle, le ataron la manta. Y cuando lo dejaron así arreglado, le dijo el Señor: "Mira a mi hija, allá está guardada."
Y cuando el Tohuenyo entró a verla, luego cohabitó con ella, y con esto al momento sanó la mujer. En seguida se convirtió el Tohuenyo en el yerno del Señor.
Y luego por estó hubo burlas acerca de Huémac, los toltecas se mofaban, bromeaban acerca de él, decían: "¡Conque el señor ha hecho su yerno a un Tohuenyo!"
Entonces Huémoc convocó a los toltecas y les dijo: "He oído que se dicen chistes acerca de mí, que soy objeto de risa, por haber hecho mi yerno a un Tohuenyo. Pues idlo a dejar con engaño en Zacatepec, en Coatepec."
En seguida anunciaron la guerra los toltecas, todos a una se pusieron en movimiento. Luego se van para dejar abandonado al yerno. E idos ya al lugar de la guerra, colocaron aparte al Tohuenyo con todos los enanos y tullidos. Y puesto todos éstos aparte, se fueron los toltecas para hacer cautivos entre sus enemigos los de Coatepec.
El Tohuenyo dijo entonces a todos los enanos y tullidos: "No tengáis miedo, aquí acabaremos con ellos, aquí en nuestras manos perecerán."
Y así las cosas hicieron huir sus enemigos los toltecas. Pensaron éstos que sus enemigos matarían allí al Tohuenyo, de este modo con engaño lo habían dejado, lo dejaron a morir.
Entonces vinieron para informar al señor Huémac, le dijeron: "Ya fuimos a dejar allá al Tohuenyo, el que fue tu yerno."
Mucho se alegró Huémac, pensó que tal vez era cierto, que tal vez era así, porque estaba avergonzado de haber hecho su yerno a un Tohuenyo.
Pero aquel Tohuenyo que habían ido a abandonar en la guerra, cuando vinieron ya sus enemigos, los de Coatepec, los de Zacatepec, entonces mandó a enanos y corcobados, les dijo: "Tened mucho ánimo, ¡no tengáis miedo, no os acobardéis, no desmayéis, no os dejéis abatir! Yo lo sé, todos vosotros haréis cautivos, como quiera que sea a todos los mataréis."
Y cuando sus enemigos vinieron a caer sobre ellos, a oprimirlos, luego el Tohuenyo y los suyos los hicieron venir por tierra, les dieron muerte, acabaron con ellos, a muchísimos destruyerpon; tantos, que no pudieron contarse, los que mataron de sus enemigos.
Y cuando el señor Huémac oyó esto, mucho se perturbó y se abatió: convocó luego a los toltecas, les dijo: "Vamos a encontrar a vuestor yerno."
Con esto se ponen en movimiento los toltecas, se alborotan.
Van en compañía del Señor, van a su alrededor, van en tumulto, para encontra al Tohuenyo.
Van llevando los toltecas aderzos, un tocado de plumas de quetzal, un escudo hecho de mosaico de turquesas. Cuando estuvieorn cerca del Tohuenyo, luego le hicieron dones, le dieron el tocado de plumas de quetzal, y su escudo de mosaico de turquesas, y todos los aderezos que llevaban consigo.
Con estas insignias va bailando, va bailando la danza del cautivo, va haciendo contorsiones, va haciendo ostentaciones, cambiando de lugar. Ellos le van cantando.
El canto se va matizando, el canto va repercutiendo. Le van tocando flautas, las trompetas van resonando, los carcoles van lazando su sonido.
Y cuahndo hubieron llegado al palacio, entonces pusieron plumas en la cabeza del Tohuenyo y lo ungieron de amarillo. Y le pintaron su rostro de rojo. Y todos sus amigos del mismo modo fueron ataviados.
Y a la postre dijo Huémac a su yerno: "Ahora quedó satisfecho el corazón de los toltecas de que tú seas mi yerno. Lo has merecido: toma asiento en la tierra, da reposo a tus pies."
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